Este Domingo, en un mercadillo, un hombre árabe, moro, magrebí, norteafricano o cualquier término capaz de rehuir tanto lo ofensivo como lo eufemístico; ofrecía su mercancía al más puro estilo gitano -permítanme la expresión porque la ocasión lo merece-, a grito pelao.
No es que ellos (los árabes) sean precisamente ejemplo de moderación y quietud en sus zocos, yo los he visitado muchas veces y son lugares de bullicio, algarabía y verdulerismo. Pero ese estilo tan calé, tan chacho, tan "mari que lo llevo barato" que yo escuché en aquel hombre; eso era integración y lo demás son tonterías.
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