jueves, 24 de mayo de 2012

PROSOPOPEYA

Los mercados desconfían de las cuentas de las comunidades autónomas. Los mercados no paran de demostrar que están perdiendo la fe en la economía española. Los mercados enjuician a España tras la nueva desviación del déficit. Los mercados votan por Sarkozy. Schäuble espera que los mercados se calmen en un horizonte de 12-24 meses. Dos auditorias externas para que los mercados confíen en la reforma financiera. Alierta asegura que los mercados no reconocen el potencial de telefónica. España se enfrenta a los mercados con la emisión de hasta 2.500 millones de euros. Los mercados ponen a prueba a España tras conocerse el déficit oculto de algunas CC.AA. ¿Podrá la reunión del Eurogrupo servir de bálsamo para los mercados? A veces los mercados reaccionan como una manada. Los mercados ven con recelo e incredulidad que sea posible hacer tantos recortes y tan rápidamente.
Los señores mercados, estos entes abstractos y misterios que en algún momento adquirieron capacidad para confiar, desconfiar, tener fe, enjuiciar, votar, reconocer, enfrentarse, poner a prueba, incluso ver. 
Poseedores de cualidades humanas -incluso espirituales-, poderosos, influyentes y mediáticos. Sólo les falta encontrar rostro para ser la portada de Forbes.

miércoles, 23 de mayo de 2012

CONFIANZA

Yo no voy al trabajo con un chaleco antibalas por si me disparan. Yo no salgo a la calle con un casco por si me tiran una piedra a la cabeza desde un balcón. No analizo la comida que me sirven en un restaurante antes de comérmela por si estuviera envenenada. Yo confío, confío en gente que no conozco, confío hasta el punto de poner mi vida en sus manos. Cualquiera podría apuñalarme al pasar por mi lado. Pero yo confío en que no lo va a hacer. Porque en la sociedad en la que vivo, el respeto a la vida es un valor fuerte y arraigado, matar es un acto que produce repulsa y rechazo, además de ser poco habitual. Tan poco habitual que a nadie le preocupa.
Yo no dejo la puerta de mi casa abierta. Yo no las cosas que he comprado en un lugar público y las recojo después porque no quiero cargarlas. Yo no dejo que la gente se marche sin pagar y que vuelvan al día siguiente. Yo no confío. No confío en la gente que no conozco para que respeten mi propiedad, o reconozcan voluntariamente el valor del servicio que presto. ¿Será que estos valores no están tan arraigados en mi sociedad?

IRREVERSIBLE

     Cuando un coche deja de funcionar, porque una de sus piezas falla, el mecánico lo arregla y el automóvil vuelve a arrancar. No se necesita un coche nuevo. No depende la solucionabilidad del tiempo que tardemos en llevarlo al taller desde que se estropea. Cuando una red eléctrica cae, se subsana el fallo y se restablece el suministro. Una nevera, un microondas, una lavadora, un ordenador... Todos estos artilugios pueden volver a la vida tras haber parado. No es que todas las máquinas sean "arreglables". El asunto está en que, si existe apaño, pueden volver a funcionar tras su percance.
     En los seres vivos, sin embargo, las averías son definitivas. Cuando un cuerpo humano deja de funcionar porque el corazón falla, no vuelve a ponerse en marcha aunque se le instale un corazón nuevo. Cuando la vida se apaga, es irreversible. En ocasiones no habría habido solución posible de todos modos, pero en otras sí. Una arteria obstruida que detiene la circulación sanguínea. Se desatasca, y a bombear. Sería tan sencillo... Los hospitales combinarían quirófanos y talleres.
    Pero no, los seres vivos somos siervos de la eterna constancia. Nuestra vida es ininterrumpida, una función continua, una sola carga de batería desde que se nos desconecta del cordón umbilical. Un sólo encendido, un sólo apagado. La mayor de las consecuencias para el mayor de los aprendizajes: el valor de la vida.
    Se trata de un castigo  olímpico, fuera de nuestros dominios. Podemos crear personas, células, sondas espaciales. Podemos imaginar avances increíbles, eternas juventudes, cánceres erradicados. Pero, ¿quién predice la reversibilidad de la muerte? Intuitivamente, sabemos que hay algo en ella que no podremos controlar, que será cada vez más evitable, pero nunca reparable. Falta de oxígeno, daño de tejidos, paro cerebral... ¿O algo que escapa?

viernes, 13 de abril de 2012

LIARLA


            Hace unos días, un informativo nacional cubría una noticia sobre la huelga general del pasado 29 de Marzo. El presentador, para describir unos incidentes que se habían producido en Barcelona, utilizó una expresión parecida a esta: "Los jóvenes se habían dado cita mediante las redes sociales para encontrarse antes de la manifestación y liarla".
            Me pregunto si soy la única a quien el uso de este vocablo le resultó extraño para su contexto, impropio. A pesar de ser usuaria habitual del término, que su majestad la Academia recoge con el significado de "organizar, armar un lío o ponerse en una situación comprometida", a mí me chirrió.
            Creo que es de vital importancia que medios de gran difusión y por tanto de amplia influencia extremen el cuidado en su manejo del lenguaje, en el estilo, pues moldean el uso que de él hacemos los ciudadanos e indirectamente imponen el modelo de habla culta a una sociedad (sociedad que, por cierto y por desgracia, lee poco). 
            Doy por perdida la esperanza de escuchar a un informador con una cadencia natural, hoy las frases con una entonación fuera de toda lógica comunicativa ya no nos sorprenden; pero el intrusismo de términos coloquiales sí sorprende y debe seguir haciéndolo. Al menos esa línea no se debe cruzar, o terminaremos escuchando noticias del tipo de "el presidente se ralló por lo que le había soltado el líder de la oposición y se piró del hemiciclo pasando de escuchar más movidas" -léase con las pausas más absurdas posibles para añadir verosimilitud-.


martes, 27 de marzo de 2012

COMUNICACIÓN

     "-A mi padre lo mataron en la guerra cuando yo tenía nueve años. Mi madre quedó viuda muy joven y yo al ser la hermana mayor la tuve que ayudar.
     - Mi madre murió del corazón. Mi padre se quedó solo con ocho hijos que criar.
     - Yo a los once años ya trabajaba de criada en una casa. Me daban para comer migas sin aceite. Nunca pisé una escuela.
     - ¡Uy, ni yo! Iba al campo desde muy joven. Tampoco fui a la escuela. Ni sé lo que es un juguete.
     -Jugar, así en la calle, yo no he jugado en la vida. Me fui a servir tan pequeña..."

      No, esta definición no trata sobre lo dura que era la infancia años atrás. Trata sobre la comunicación. Concretamente, sobre lo que no es comunicación. Esta conversación tenía lugar hace media hora en un centro de salud entre dos ancianos que esperaban para su visita al médico, igual que yo. Estos dos interlocutores han estado hablando durante casi veinte minutos, y yo, que estaba a su lado, creo que no se han dicho nada. Al menos no el uno al otro. ¡Se lo han dicho todo a sí mismos! Cada uno ha contado su historia, por turnos más o menos respetados. Ella empezaba el relato de su primer trabajo, él se superponía con el suyo. No se miraban. Estoy bastante segura de que no se escuchaban. Durante la intervención de una, yo diría que el otro preparaba su parte para intercalarla a la mínima pausa de la compañera.
        Y no va esta reflexión contra las personas mayores que, con pocas oportunidades de recordar su importante y muy interesante pasado, quieren "hablar de su libro" en la sala de espera. Esto es sólo un ejemplo de un problema que ocurre mucho y que he observado en muy variadas situaciones. Las personas, en el hablar cotidiano, muchas veces superponen sus respectivos mensajes sin llegar a intercambiar información.  No escuchan, esperan su turno para hablar de nuevo. Y esto no es comunicación.

miércoles, 21 de marzo de 2012

CABALLA

         Mirando el Telediario (sí, telediario, porque era en la primera), en una noticia sobre pesca han aparecido unos cadáveres de pez o peces moribundos, no se distinguía bien, y ha dicho mi madre:
        -Mira la caballa.
        Automáticamente yo le he contestado:
        - ¿ Y cómo sabes que eso es caballa?
        Le ha extrañado la pregunta. Supongo que para ella era algo tan elemental como distinguir patos de gallinas. Y pienso yo en cuánto conocimiento estamos perdiendo, toda una generación de licenciados, diplomados, pronto graduados, que no distinguen tomates de pera y de ensalada. Que no tienen ni idea de cuáles son las verduras de temporada. Que no diferencian árboles en el campo, ni sabrían en que mes devolver una semilla a la tierra. 
        Con muchas ventajas, el trabajo se ha especializado y mientras unos se dedican a la producción de víveres otros ingenian (para eso son ingenieros) nuevas formas de comunicación, de transporte, de vida. Pero, ¿es tan positiva esta evolución que deja atrás algo tan básico como saber procurarnos nuestro propio sustento? Las lechugas empiezan a ser algo que simplemente se coge de la estantería del supermercado, sin más reflexión sobre su origen. Pocos relacionan ya los campos de trigo con las cajas de cereales matutinos. Para los niños, la diferencia entre una legumbre y un tubérculo es más un contenido de estudio que una realidad cotidiana.
       A mí me gustaría que fuera posible avanzar en unos campos sin retroceder en los que ya se habían alcanzado. Me gustaría pasear por el campo y distinguir robles de encinas. Me gustaría saber cuando plantar las semillas de limón que estoy germinando como buena licenciada en paro que busca ocupar su tiempo. De momento empezaré por, la próxima vez que vaya al supermercado, intentar reconocer la caballa.

viernes, 9 de marzo de 2012

CIVILIZACIÓN

    Dejando a parte todo lo debatible respecto a este término, que no es poco, y haciendo uso de su significado más convencional; me pregunto por qué siglos atrás, en la época de los grandes descubrimientos y la colonización, una parte de la humanidad había desarrollado civilización (reitero, en el sentido más convencional e incluso occidental de la palabra) y la otra no.
    ¿Por qué en Europa, allá por el siglo XV, se había alcanzado una estructura social compleja y en América prevalecía una organización tribal, con un desarrollo tecnológico, político y cultural más rudimentario?
    Me faltan muchos conocimientos sobre en qué punto un grupo humano y otro se separaron. Supongo, desde mi ignorancia, que debió ser en tiempos de Pangea antes de que el océano impusiera una barrera por mucho tiempo infranqueable entre los dos continentes. Porque la hipótesis alternativa sería plantear dos orígenes diferentes para la raza humana en dos lugares distintos del mundo, teoría que nunca he escuchado sostener.
     Es curioso. Quizá el comercio entre los pueblos mediterráneos favoreció el intercambio cultural y propició el florecimiento de las sociedades. Pero las diferencias ultramarinas son muy amplias, requieren de motivos mayores para ser explicadas. Es muy interesante preguntarse el por qué de estos dos modos de evolucionar diferentes, cuántos modos más hubieran sido posibles y bajo qué circunstancias.
    ¿En qué momento evolutivo se encontrarían hoy los pueblos indígenas si nunca se hubiera descubierto América? ¿Si las tornas hubieran sido diferentes y América hubiera desarrollado antes la tecnología para navegar hasta Europa y colonizarnos, qué lugar sería el mundo hoy?